El subalterno colonizado

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Barcelona_-_Colom_estatuaUn individuo es un coctel de rasgos que lo convierten en sujeto dominador o dominado. Por un lado, el ser hombre-blanco-heterosexual-occidental-colonizador suele ser algo positivo y poderoso. En cambio, el ser una mujer-negra-homosexual-oriental-colonizada suele estar cargado de connotaciones negativas y de sumisión. Así pues, esta jerarquía es una imposición social impartida por los dominadores. Ellos construyen una imagen del otro para autodefinirse y diferenciarse. Nadie les ha preguntado a los sujetos mujer-negra-homosexual-oriental-colonizada si se sienten así. Asimismo, los rasgos mencionados sobre dominador y dominado pueden intercambiarse entre sí. Es decir, en “hombre-blanco-heterosexual-occidental-colonizador” cada una de las piezas que lo componen puede cambiarse por su opuesto. Asimismo, según el valor que le dé la sociedad, ser colonizador puede ser negativo y ser colonizado positivo.

¿Quién colonizó a quien? Según la Historia, el caso más paradigmático es el que se inició en 1492 cuando Cristóbal Colón empezó a invadir el continente americano. Allí vivían mayas, incas, aztecas y otros pueblos mal llamados “pre-colombinos”. Tras el desembarco de los españoles, los hijos del Nuevo Mundo se convirtieron en subalternos colonizados. Al menos, los que no fueron masacrados en nombre de la fe cristiana. A raíz de esta incursión occidental, este territorio empezó a transformarse en lo que actualmente se conoce como Hispanoamérica. Cinco centurias llenas de sangre, oro, guerra y revoluciones han moldeado a los habitantes de Latinoamérica. A grandes rasgos, el subalterno colonizado ha asimilado las costumbres de los invasores para sobrevivir. A su vez, empezó a luchar contra el yugo que le oprimía consiguiendo la independencia de algunos territorios. Por tanto, si un sujeto subalterno se revela ante su amo, ¿cómo reinventa su identidad subalterna?

En principio, estas personas no tienen voz ni voto como subalternos. Así pues, deben descolonizarse a sí mismos para ser oídos. Para ello, deben de adaptar los rasgos del imperio que los domina. De este modo, el ex-subalterno construirá un discurso propio desde otro lugar. Si su objetivo es relatar los horrores de ser esclavo negro, su voz no hablará por el colectivo de personas que sufre esclavitud siendo negros. No obstante, su testimonio reflejará una historia relacionada con el subalterno esclavizado. Así pues, él es testigo y no ejemplo universal de una realidad que afecta a un colectivo. ¿Y si ya no es subalterno qué es? Un sujeto que no quiere ser colonizado. En el caso de Hispanoamérica, se han tomado dos caminos. Por un lado, se asimilan las costumbres de los colonizadores renunciando a la herencia indígena. Un ejemplo que parte de este patrón sería Argentina. Por otro lado, se rescata lo indigenista, ya que lo colonial es lo negativo, lo opresor. Es decir, imperialista. A modo de ejemplo, destacan los pueblos de países como Perú.

Pese a esto, las influencias imperialistas provocan que un sujeto vuelva a ser subalterno inconscientemente. El caso más extendido en el globo es la imitación de la estética norteamericana durante el siglo XX. Por tanto, uno quería ser vigilante de la playa, ya que representaba el prototipo de beach boy californiano. Un caso extremo de la fascinación que se siente hacia lo yanqui, es visible en el cuento de Julio Ramón Ribeyro, «Alienación».  En él, Roberto decide convertirse en norteamericano porque ese es el modelo amoroso de la chica de sus sueños, Queca. Así pues, Roberto hará una performance de sí mismo en todos los sentidos. Asimilará el habla inglesa, las costumbres norteamericanas y se maquillará para parecer blanco. En consecuencia, dejará de ser zambo (mestizo) para ser blanquiñoso. Es decir, un ensayo fallido de norteamericano. Su transformación también está presente en su nombre. Roberto pasará a llamarse Bobby y luego Bob. Aun así, él seguirá siendo identificado como zambo.

En este sentido, ¿el subalterno colonizado puede identificarse como híbrido? Bob lo fue, ya que no se integró ni con los zambos ni con los norteamericanos. No obstante, él eligió su hibridez. En cambio, los protagonistas de «Mericans» de Sandra Cisneros no lo han elegido. En este relato son interesantes los modelos heroicos de Keeks o Enrique. Él idolatra a Flash Gordon porque representa al héroe americano. No obstante, si el objetivo de Keeks es jugar a ser un superhéroe norteamericano, podría idolatrar a Superman o al Capitán América ya que ellos son el paradigma del superhéroe norteamericano clásicos. Aparte de poseer una fuerza sobrehumana, sus trajes llevan los colores de la bandera norteamericana: Azul, rojo y blanco. En el caso de Superman, el blanco es sustituido por el amarillo ya que es el color de su fuente de poder, el sol. Por tanto, la elección de Flash Gordon como modelo heroico puede que sea porque es un héroe de tebeo y no un superhéroe de cómic.

Tras lo comentado, se puede reflexionar sobre la siguiente cuestión ¿existirían sujetos dominadores sin subalternos colonizados? ¿Y a la inversa? Probablemente, este binomio sea simbiótico y solo exista si una de las dos partes es reconocida como tal. Por ello, ambos sujetos adquieren la propiedad de dominador o de subalterno si la sociedad los identifica como tal, ya que el nombre construye al sujeto.

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