Don Quijote y doña Rodríguez entre burlas y veras

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flickr-113323784-hdDon Quijote de la Mancha es la gran novela española y obra maestra de Miguel de Cervantes. La Primera parte se publicó en 1604 y la Segunda en 1615. Uno de los aspectos que más diferencian a las dos partes del Quijote es la inclusión de historias intercaladas en la Primera parte y su aparente omisión en la Segunda. Un aspecto significativo de la Segunda parte es el arco argumental que abarcan los capítulos XLIV – LIII. En ellos, puede verse cómo don Quijote y Sancho Panza tienen aventuras por separado. Por un lado, don Quijote vive la única aventura verdaderamente caballeresca de toda la obra. Por otro, Sancho se convierte en gobernador de la ínsula Barataria.

Durante la Primera parte de la novela, el personaje de don Quijote tendía a transformar la realidad. Esto es visible cuando ve castillos en lugar de ventas. En cambio, durante la Segunda parte este recurso es sustituido por otro de carácter más burlesco. Esta nueva herramienta se da cuando un personaje quiere engañar a don Quijote. El caso más contundente de ello es el de los duques. Asimismo, su castillo es el escenario de situaciones de lo más disparatadas. En cuanto al transcurso de la trama, es notoria la atención que se les da a los protagonistas. En el caso de don Quijote es singular el episodio nocturno con Altisidora, los gatos y doña Rodríguez. Durante estos capítulos don Quijote cree despertar el amor de una doncella, ser atacado por encantadores y por último, decide ayudar a una dueña en apuros. Por tanto, en estas escenas don Quijote se mueve entre burlas y veras.

Al partir Sancho Panza, don Quijote se retira a su aposento para descansar en soledad. Allí presenciará una serie de escenas nocturnas que despertarán la carcajada en el lector. Para empezar, escucha cómo Altisidora canta por el amor que siente hacia él. La noche siguiente, don Quijote le recita un romance para curarle su mal de amores. Tras esto, los duques deciden burlarse de don Quijote descolgando unos cencerros y soltando a unos gatos en el aposento del caballero. Esta escena provoca que don Quijote crea ser atacado por unos encantadores en plena oscuridad. Este recurso es empleado cuando un personaje se burla de don Quijote confundiéndolo. En este caso la falta de luz, los cencerros y la invasión gatuna propician que el caballero sea engañado por los sentidos. Por ende, favorecen la comicidad de este suceso.

Lo significativo de la escena gatuna es que don Quijote se enfrenta a enemigos invisibles que no son humanos. Por tanto, es comprensible que el caballero crea ser atacado por unos encantadores. Si este pasaje terminase con los gatos huyendo de las estocadas de don Quijote, carecería del humor que lo caracteriza. Este descansa en el ataque inesperado de un gato al rostro del caballero. En consecuencia, los duques tendrán que librar a don Quijote de tan fiero enemigo. La cara de don Quijote acaba tan magullada que incluso tienen que vendarle el bigote, lo cual caricaturiza el rostro malherido del caballero. Según Riley, esta escena felina recuerda a una muy similar del Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (Riley, 2004: 161 – 162). Es probable que Cervantes homenajeara la obra de Alemán en esta escena.

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Tras la agresión gatuna, don Quijote es visitado por lo que parece ser un alma en pena. Sin embargo, esta visitante no es otra que doña Rodríguez. Es interesante cómo Cervantes describe minuciosamente esta escena. Ésta se inicia cuando la puerta de don Quijote se abre desde fuera. El caballero intrigado por esta visita nocturna “púsose en pie sobre la cama, envuelto de arriba abajo en una colcha de raso amarillo, una galocha en la cabeza, y el rostro y los bigotes vendados – el rostro, por los aruños; los bigotes, porque no se le desmayasen y cayesen –, en el cual traje parecía la más extraordinaria fantasma que se pudiera pensar” (Cervantes, 1998: 1014). Al abrirse la puerta la dueña y el caballero se asustan al ver al otro. Por un lado, doña Rodríguez, atemorizada ante la visión espectral de don Quijote, tropieza con su falda al intentar huir.

Por su parte, don Quijote cree ver a un fantasma, alma en pena o bruja ante la que se santigua. A pesar de ello, el caballero decide ayudarla como dicta el orden de caballería. Tras el doble sobresalto, la visitante se revela como doña Rodríguez quien necesita la ayuda de don Quijote. Debido al espanto que tuvo la dueña, se le cae la vela con lo cual va a buscar otra antes de exponerle su caso al caballero. Durante su ausencia, don Quijote rumia que esta mujer le está visitando de noche para acompañarlo en la soledad de su lecho. Ante tales pensamientos, incluso el propio caballero los toma como disparates aunque no los descarte. No obstante, esta suposición carece de sentido porque doña Rodríguez ya no tiene edad para protagonizar este tipo de escapadas nocturnas. En este caso don Quijote no es víctima de su locura caballeresca sino de su vanidad al creerse deseado por ella (Riley, 2004: 162).

Al regresar la dueña, esta desvela la razón por la que necesita la ayuda del caballero. La hija de doña Rodríguez ha sido burlada por el hijo de un labrador rico y amigo del duque. Por tanto, el duque se niega a ayudarlas, puesto que le interesa mantener su amistad con el padre del donjuán. Ante tal desdicha, don Quijote es la única esperanza que tiene doña Rodríguez para restablecer la honra de su hija. El caballero decide ayudarla siendo su primera aventura caballeresca real y no imaginada como las demás. Al terminar la conversación, la dueña le revela a don Quijote que Altisidora padece halitosis y que la duquesa desagua el mal humor de las piernas en dos fuentes. Tras esto, unos golpes sobresaltan a los dos interlocutores que permanecen sobrecogidos en plena oscuridad.

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Los secretos que desveló doña Rodríguez tuvieron un resultado doloroso para la dueña y el caballero porque la duquesa y Altisidora les estaban escuchando a escondidas. Así pues, las dos mujeres descargaron su ira azotando a doña Rodríguez y a don Quijote. El caballero consternado ante otra batalla contra enemigos invisibles, decidió no intervenir en ella aunque sus oponentes también se ensañaron con él. Esta es la tercera ocasión en que don Quijote es atacado en plena oscuridad. La primera se encuentra en el capítulo XVI de la Primera parte del Quijote donde se narra la paliza entre el arriero, don Quijote, Maritornes y Sancho. En aquella ocasión don Quijote resulta tan malherido que los de la Santa Hermandad creen que ha muerto. La segunda batalla nocturna, mencionada con anterioridad, es la del ataque gatuno ideado por los duques donde don Quijote también sale magullado.

La tercera de estas batallas nocturnas es sutilmente diferente al resto porque don Quijote decide no participar en ella. Aun así, lo golpean. El hecho de no intervenir puede deberse a dos motivos. Por un lado, es probable que don Quijote considere prudente no luchar contra enemigos invisibles ya que en el pasado no ha podido vencerlos. En este sentido, don Quijote sería más sabio que en la Primera parte. Por otro lado, es posible que don Quijote no quiera combatir contra encantadores influenciado por Sancho, puesto que este personaje teme ser apaleado en cada aventura. Ya sea por un motivo u otro, don Quijote no quiere ser azotado.

Tras comentar las escenas nocturnas, cabe detenerse en la encomienda que le encarga doña Rodríguez a don Quijote. La hija de doña Rodríguez ha sido burlada por el hijo de un labrador rico. Por tanto, alguien debe defender su honor. Normalmente, esta tarea recae en el padre o el hermano de la afrentada. Sin embargo, la joven sólo tiene a su madre. Por tanto, la dueña le pide ayuda al duque quien hace caso omiso de tal petición. Ante este rechazo, doña Rodríguez decide pedirle ayuda a don Quijote. A pesar de que se trate de un tema serio, resulta contradictorio que la dueña le pida ayuda a don Quijote, ya que debería saber que él no es un caballero. No obstante, es su última esperanza. Esta situación tiene una lectura cómica y seria.

Por un lado, el asunto que le propone la dueña al caballero es una oportunidad para que los duques puedan mofarse de nuevo del caballero como sucederá en capítulos posteriores. En la propuesta de doña Rodríguez también reside cierto grado de ironía por parte del narrador, ya que es la única residente del castillo que habla a don Quijote de veras y no con burlas. Por su parte, la situación de la hija de doña Rodríguez entraña un aire serio con dos finales. El primero se produce al interrumpirse el duelo entre don Quijote y el lacayo del duque, ya que el burlador estaba luchando en Flandes. El combate no se produce porque el criado de los duques, Tosilos, quiere casarse con la hija de doña Rodríguez. En principio su amor lo consiente. Sin embargo, en el capítulo XLVI de la Segunda parte Tosilos revela que su prometida ha sido ordenada monja. Por tanto, la historia de esta joven termina de forma trágica.

Tras lo comentado, cabe destacar el trato que recibe don Quijote por parte de los duques y por parte de doña Rodríguez. Los primeros se burlan del personaje mientras que la segunda lo cree un caballero andante. Estas dos posturas son cruciales para el desarrollo de este arco argumental de la Segunda parte.

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Bibliografía

CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de, Don Quijote de la Mancha, Crítica, vol. 1, Barcelona, 1998.

RILEY, Edward C., Introducción al «Quijote», Crítica, Barcelona, 2004.

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