Terror a diario

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Horrores cotidianosCuando despertó, los horrores cotidianos todavía estaban allí. David Roas (Barcelona, 1965) es profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, crítico literario español, especialista en literatura fantástica y autor de Horrores cotidianos (Menoscuarto, 2007) que está compuesto por las secciones “Rituales” y “Sacrificios” donde se alternan cuentos y microrrelatos. Este libro de cuentos trata sobre los miedos, las obsesiones y las pérdidas que acechan la vida diaria de las personas. Asimismo, algunos textos son reescrituras de microrrelatos de otros escritores, presentan registros lingüísticos que no se dan en otros relatos de este compendio o contienen referencias intertextuales y citas que otorgan nuevos significados a los textos de Horrores cotidianos.

Los personajes de estos relatos están dominados por temores, manías o la presencia de la muerte, lo cual les lleva a protagonizar escenas llenas de patetismo. No todo sale siempre como esperas. Preparas un proyecto con la ilusión y la certeza de que saldrá bien para que se aplaste como una tarta en tu cara de payaso. La realidad es un niño malcriado jugando contigo. En clave humorística, Roas nos muestra este mundo derrotista del que son víctimas las personas y algunos animales. Uno de los pilares del ser humano que se desmoronan en estos escritos es el de la confianza. Por ejemplo, en «La agonía del salmón» los amigos de una pareja feliz les recomiendan que sean padres ya que este nuevo estadio del ser humano lo inunda todo de felicidad. Ingenuamente, conciben a un bebé que les atormenta con sus berrinches. Creer ciegamente en algo es autoengañarse porque no todo está siempre tan idealizado como imaginamos. Al preparar una cena familiar se espera que haya tranquilidad. En cambio, en «Autoridad espectral» el pequeño duque siembra el caos en la mesa, lo cual guarda semejanzas con el infante malcriado de «La Comendadora» de Pedro Antonio de Alarcón.

Por otro lado, tener fe en un ser superior que te cobija bajo su protección enaltece la existencia del hombre. No importan las pruebas que tengas que hacer porque las superarás gracias a la devoción que le procesas. Seguramente, los protagonistas de «Los niños del Ferrol (Del diario personal del Dr. Meninges)» y de «Idiotez y religión» piensan así. Pese a ello, en el primer caso la llama que iluminaba la vida del protagonista se extingue para siempre mientras que en el segundo se mezclan las palabras que dan título a este microrrelato. Ambos personajes son perdedores cuyos principios morales se derrumban. Aunque estas situaciones sean dramáticas, se narran mediante dosis de humor absurdo que las suaviza.

La muerte abunda en este libro de cuentos aunque su protagonismo es más visible en “Sacrificios”. Dejar este mundo es el gran temor de la humanidad. Por ello, el ser humano se esfuerza por no ser olvidado como polvo en el viento. El miedo a mudarse al Más Allá puede menguar la energía vital haciendo posible lo imposible como en «Y por fin despertar» donde Alicia duda de su propia existencia. A veces, una persona decide adelantarse al gran final porque le ahoga un fuerte desaliento. Toda pérdida es accidental incluso si se trata de un suicidio como ocurre en «Blanca Navidad». No obstante, la gran partida hacia el otro mundo es la muerte de David, trasunto del autor, en «Palabras».

Pastor alemán

La vida acomodada de algunas mascotas genera un rechazo hacia el mundo que aflora al otro lado de la población donde su amo vive. Lo que antaño fue su hábitat natural, ahora se ha convertido en un lugar terrorífico. Al nacer en cautividad, su lado salvaje ha muerto y nace un temor a emanciparse del ser humano. En «La culpa fue de Jack London» este miedo lo relata un perro que intenta de forma desesperada convencer a su dueño para que no lo lleve al bosque. De este modo, se reflejan los sentimientos humanos que puede albergar un can a través de escenas llenas de patetismo y comicidad. Asimismo, incide en la falta de comunicación de uno con el otro, lo cual se puede interpretar como una crítica a la creencia de que el perro es el mejor amigo del hombre.

Pese a que en esta obra no abunden fieras, el anterior relato junto a «El condicional» y «El hipocondrio» presenta bestias anodinas que son presa del pánico a lo desconocido, de la duda y de la obsesión. Tanto el condicional como el hipocondrio son seres humanoides cuya existencia ya era conocida antes de la Edad Moderna. El condicional es la personificación de la indecisión, lo cual es satirizado por Roas en el microrrelato que protagoniza esta criatura. Por su parte, el hipocondrio es un espécimen que vive deambulando entre centros médicos debido a las enfermedades que padece. El texto que protagoniza este personaje se concibe como un artículo enciclopédico en el que se describe la anatomía de este ser, su comportamiento y costumbres a la vez que se ofrecen datos científicos que testimonian su existencia a lo largo de los siglos. En cuanto a la forma del escrito, se incluyen notas al pie de página que remiten a la bibliografía consultada.

Aunque el anterior relato se narre a modo de artículo científico, sigue siendo ficción. No obstante, la singularidad de este cuento reside en el registro lingüístico científico-técnico que emplea Roas, puesto que se aleja del que usa en la mayoría del compendio. A su vez, esto se enfatiza porque en el texto anterior, «Alabama», se utiliza un registro lingüístico vulgar que es una transcripción de la lengua oral. De este modo, al leerlos en orden lineal es más visible la destreza del autor para cambiar de registros de la lengua debido al profundo contraste entre ambos.

Cuando se incluyen citas en una obra narrativa cabe prestarles atención porque estas contienen mensajes que dan pistas al lector sobre lo que va a suceder. Horrores cotidianos se inicia con: “Yo odio la realidad. Pero desgraciadamente es el único sitio donde consigues un buen filete para cenar (Woody Allen)” y “La vida es una derrota tras otra, hasta que acabas deseando que muera Flanders (Homer Simpson)”. Estos fragmentos son la ventana a un mundo gris habitado por perdedores que se resignan a vivir en él tras haber sido golpeados por la vida. En este universo ficcional se ubican las historias de Horrores cotidianos. Al incluir las palabras de Woody Allen y Homer Simpson como preludio del libro de cuentos, se comunica al lector lo que se encontrará en las páginas siguientes. Asimismo, la elección de estos dos referentes culturales del siglo XX origina una lectura de los textos en clave de las películas de Allen o del humor de Los Simpson. Aun así, quien no conozca estas alusiones tendrá una experiencia lectora distinta.

Versionar un texto supone trasladar su significado primigenio hasta concebir una reescritura del mismo que, pese a presentar semejanzas con el original, es distinta. «Horrores cotidianos (la primera versión que escribió Augusto Monterroso)» y «¿El terror no tiene forma? (variación sobre un cuento de Thomas Bailey Aldrich)» son dos microrrelatos fruto de la reescritura de «El dinosaurio» de Augusto Monterroso y de «Sola y su alma» de Thomas Bailey Aldrich, respectivamente. En ambos casos, Roas impregna de terror las líneas de estos microrrelatos ya que aparecen seres temibles como el cobrador de la luz en el primer caso y, probablemente, un representante de la revista La Atalaya en el segundo caso. Así pues, mediante la presencia de estos seres se demuestra que las figuras cotidianas causan más pánico que los entes sobrenaturales como los vampiros o los licántropos. Lo rutinario da miedo.

Al hojear el índice de este compendio llama la atención que los títulos de algunos relatos de “Rituales” incluyan paréntesis donde se aportan matices de lo que se enuncia a modo de subtítulo. Pese a que sean minoría, la información que aportan estos subtítulos alarga innecesariamente los títulos, lo cual es contradictorio tratándose de una obra donde abunda lo breve. En cambio, su contenido puede ser útil porque da indicios del relato. Por ejemplo, «Homo crisis (cuento derridiano)» está concebido en clave derridiana, lo cual puede deducirse del paréntesis o conociendo esta referencia intertextual. Sin embargo, en «Los niños del Ferrol (Del diario personal del Dr. Meninges)» los datos extras del paréntesis no profundizan en la comprensión del texto y, por ende, son prescindibles.

El terror a diario que sienten los personajes de Horrores cotidianos es el visitante irritante que tienen que soportar en su triste existencia y que provoca risa gracias al humor que el autor suministra como una mágica píldora ante el patetismo que los gobierna.

David Roas

David Roas

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