Hombre anodino

Estándar

Alianzas duraderasCristina Cerrada (Madrid, 1970) es socióloga, profesora y coordinadora de los cursos de cuento y novela de Fuentetaja que presenta en Alianzas duraderas (Lengua de Trapo, 2007) la historia de Bernabé Leblanc. Su vida no transcurre como esperaba. Al casarse con Estela renuncia a cumplir su sueño de realizar estudios antropológicos alrededor del mundo y opta por trabajar en la universidad como investigador hasta que le despiden. Es padre de cuatro de hijas y ante tanta mujer su virilidad se ve mermada. Sin ánimos para buscar trabajo a sus cuarenta y seis años, lo contratan en el servicio de limpieza la urbanización donde vive su suegro que se convertirá en el hogar de su familia. Las esperanzas de continuar como antropólogo desaparecen hasta que la carta de una vieja compañera de profesión le da la oportunidad de cambiar su destino. Las escenas cotidianas que protagoniza este hombre anodino respiran un gran realismo dotado de diálogos intensos.

Algunas personas alcanzan una meta ambiciosa mientras que otras caen ante el primer tropiezo sin aliento para volver a levantarse. Esta sería la diferencia entre triunfadores y perdedores, entre Pola Sinclair y Bernabé Leblanc. Ella empezó como becaria en la universidad en la que trabaja mientras que él disminuyó sus expectativas profesionales para formar una familia con Estela. Frustrado, Leblanc se ríe de su patética rutina tan alejada de las aventuras que pensaba vivir viajando por todas partes. Desde que conoció a su mujer, ella ha condicionado todas sus decisiones menguando así la capacidad de iniciativa y la virilidad de su pareja. Esta sensación de ninguneo se acrecienta cuando Bernabé se ve obligado por las circunstancias a trasladarse con los suyos a la casa de su suegro Isaac donde también se mudarán su hija mayor Jasmine con su pareja Bismark y Cuqui, la hija de ambos. Pese a sus estudios universitarios, Bernabé se ocupará de la limpieza de la urbanización en la que se ha instalado para poder subsistir.

Su punto débil es la fogosidad repentina que siente cuando piensa en mujeres bellas o en Estela quien sabe estimular la flaqueza de su marido cada vez que está a punto de perder una discusión con él. De este modo, siempre gana. Aunque él conozca estas artimañas, no las impide porque sin estos dulces momentos su existencia sería insípida. No obstante, él, en plena crisis de los cuarenta, se plantea retomar lo que dejó aparcado en su juventud tras saber que Pola Sinclair le ofrece estudiar a la tribu de los etoro en Nueva Guinea. Si lo acepta, dejará de malvivir en una familia matriarcal donde sólo cumple una función reproductiva. Durante meses reflexionará sobre qué decisión tomar siendo la primera vez en su vida que no lo comparte con su cónyuge.

Bernabé no es el único hombre con una sexualidad despierta, ya que Isaac es un seductor nato que cambia de pareja con frecuencia. Su promiscuidad es notoria dada su avanzada edad. A diferencia de su yerno, él no es un perdedor porque posee su propio hogar, regenta su propio negocio y no depende del sexo opuesto. Nadie crítica que sus amigas deambulen por la casa a altas horas de la noche mientras las niñas duermen. Por su parte, Bismark también posee cierta libertad de movimiento sin que su pareja sepa dónde está en cada momento. En cambio, su padre político no posee tal suerte puesto que Estela se interesa por la rutina diaria de su marido dentro y fuera del hogar.

Esta situación en la que el personaje con mejores estudios pierde su tiempo en un trabajo nefasto y con una familia absorbente es tratada mediante un humor ácido que, en ocasiones, se plasma en los monólogos interiores de Bernabé. Desde un punto de vista antropológico, se ríe del esperpento que es su vida, lo cual es gracioso porque su carrera universitaria sólo le sirve para mofarse de su triste existencia. Por otro lado, cuando habla con su mujer y esta no entiende el lenguaje de su marido le reprocha que use contra ella vocablos ininteligibles que desconoce. Por ello, Estela censura las palabras que su compañero sentimental pueda pronunciar. La tensión verbal es una constante entre los personajes de la obra. Cualquier comentario, pregunta o sugerencia que hagan los hombres de la familia Leblanc es tergiversado por sus mujeres desembocando discusiones que aumentan la presión de la atmosfera familiar o que se apaciguan con besos y caricias. Estas conversaciones incómodas están ambientadas en todos los rincones de la vivienda desde el baño hasta la cocina o el lecho matrimonial. De este modo, se enfatiza la cotidianeidad que se respira en la novela sin que esto resulte tedioso.

En Alianzas duraderas, Cristina Cerrada narra las vivencias de la familia Leblanc a través del marco de la cotidianeidad del hogar doméstico en el que el cabeza de familia es un hombre anodino cuya vida es una derrota tras otra.

Cristina Cerrada

Cristina Cerrada

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s