La convivencia entre robots y personas

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Un-amigo-para-FrankUn amigo para Frank (Robot & Frank, Park Pictures Features, 2012), ganadora del premio del público en el Festival de Sitges (2012) y del galardón Alfred P. Sloan en el Festival de Cine de Sundance (2012), es una comedia dramática con rasgos de ciencia ficción y de buddy movie que sucede en un futuro en el que los robots forman parte de la vida cotidiana de los humanos. La película, ópera prima del director norteamericano Jake Schreier, trata sobre la relación entre un androide doméstico que cuida al viejo Frank Weld. El autómata es la única ayuda que tiene Frank para luchar contra sus lapsus de memoria.

En la época en la que está ambientado este filme es habitual la convivencia entre personas y robots, ya que estos están programados para desempeñar tareas como atender a ancianos que viven solos como Frank. Sin embargo, él es reacio a que una máquina cuide de él. Su principal problema es negar que su memoria se esté deteriorando como les sucede a los que padecen alzhéimer. Este síntoma puede ser mitigado si mantiene su mente ocupada en proyectos y su cuerpo sano. Hunter, el hijo de Frank, le compra un robot a su padre en un intento de evitar que sea internado en un centro psiquiátrico. Ante la llegada del nuevo habitante de su casa, Frank detesta su compañía hasta que le encuentra utilidad. Durante su juventud, Frank fue un gran ladrón y en su ancianidad comete pequeños hurtos junto a su nuevo amigo.

Robar es lo que forjará su amistad porque practicando esta actividad ambos cumplirán sus metas. Por un lado, el androide conseguirá que su amo se centre en tareas que ejerciten su memoria. Aunque el androide posea en su programación lo que significa hurtar, carece del razonamiento de los humanos para comprender la ilegalidad de este acto. Por ello, ayuda a Frank a sustraer objetos de otras personas. En consecuencia, se convierte en cómplice de un ex convicto a la vez que mantiene despierta la mente del antiguo ladrón. Por otro lado, Frank manipula al autómata para que este crea que cometer atracos logrará curar viejo delincuente. Por ello, él le desvela a la máquina todos sus secretos sobre el arte de robar. La peligrosidad de esta revelación reside en que un ser artificial no distingue entre el bien y el mal como si lo hacen algunos humanos.

Esta historia se cuenta desde el punto de vista del desmemoriado Frank, con lo cual el filme refleja como él percibe el mundo. Por ello, hay elipsis narrativas que concuerdan con el estado del protagonista. Concebir la película a través de estas elisiones enfatiza el problema del alzhéimer que constantemente está de manifiesto en este largometraje. El planteamiento de que robots domésticos cuiden de personas enfermas o ancianas es positivo ya que de este modo se consigue que este sector social no sufra en soledad y puedan vivir de forma digna en sus casas sin ser internados en centros de salud. Por tanto, tratarlos en su hogar reconforta su estado de ánimo. Aun así, esta responsabilidad debería recaer en los familiares de estos individuos y no en maquinas que, pese a muy eficaces que sean, carecen de sentimientos humanos.

Un amigo para Frank plantea, en definitiva, una posible solución para los que requieren compañía y atención médica constante en un futuro cercano. Pese a que lo ideal sería encargar estas tareas a humanos, los robots domésticos son una alternativa para ayudar a quien lo necesite en su propio hogar.

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