Imborrables tatuajes y cicatrices en la piel de la memoria

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Si te dicen que caíLas reformas urbanísticas maquillan los recuerdos de la ciudad. En Si te dicen que caí (Novaro, 1973), ganadora del premio México de Novela, Juan Marsé (Barcelona, 1933) retrata el marco social del barrio del Guinardó de Barcelona durante el franquismo a través de cuatro historias que convergen en el espacio y en el tiempo siendo el Guinardó el cronotopo que las une. Ñito, quien trabaja de celador en el depósito de cadáveres del Hospital Clínico de Barcelona, reconoce a un amigo de infancia en un cuerpo recién llegado a la morgue, lo cual dará paso a saltos temporales entre los últimos años del franquismo, el presente de la trama, y los inicios de la posguerra española donde los niños debían buscarse la vida para comer, los hombres contrarios al régimen dictatorial se negaban a aceptar la derrota, las hijas de padres fusilados fueron acogidas en la capilla Expiatoria de Las Ánimas del Purgatorio y algunas mujeres tuvieron que hacer la calle para sobrevivir. En este ambiente de penuria están muy marcadas las diferencias entre ricos y pobres y entre vencedores y vencidos de la Guerra Civil Española como queda reflejado en las relaciones entre los personajes de la obra.

Los restos de un matrimonio burgués y sus hijos gemelos llegan al hospital Clínico. Al fijarse en los ojos vidriosos del difunto marido, Ñito identifica al muerto con quién había compartido gran parte de su niñez explicando aventis junto a sus amigos del ya desaparecido barrio del Guinardó cuyos habitantes representaban la cara oculta de la Barcelona posterior al conflicto bélico que había enfrentado a las dos Españas. La infancia de algunos chicos que transcurrió después de la guerra fue sin figuras paternales,  sin escolarización o sin más de una comida fresca diaria. Curtiéndose el carácter con las leyes de la calle, ellos jugaban y trapicheaban con lo que encontraban para sobrevivir como el grupo de chavales del que formaba parte Daniel Javayoles, conocido por sus amigos como Java, que solían entretenerse contando historias orales medio reales medio ficticias llamadas aventis.

Este recurso narrativo les evadía de la miseria en la que vivían así como les permitía moldear las travesuras que cometían. Sólo ellos relataban estas fábulas en las que camuflaban referentes y personas reales de su entorno con su imaginación de modo que se difuminan las fronteras entre ficción e Historia. Asimismo, estos relatos orales les permitían evadirse de la miseria que abundaba en sus vidas, la obligación de tener que saludar a las autoridades franquistas cada vez que pasaban por allí o entonar el himno «Cara al Sol» sin olvidar penurias como el hambre, la orfandad o soportar los aires de superioridad de los niños ricos de las casas burguesas colindantes al Guinardó. Java protagonizaba la mayoría de estos relatos que ningún adulto podría entender. Por aquel entonces, giraban en torno a la figura de una prostituta rubia conocida como Ramona.

Desde que tuvo relaciones sexuales con Java, él la busca sin cesar interrogando a chicas que la pudieron conocer a la vez que se infiltra en el teatro de la parroquia de las Ánimas donde él y sus compañeros buscarán la pista borrosa de esta mujer. Durante la investigación que emprenden, se va dibujando la comunidad en la que viven donde los que se opusieron al régimen malviven mientras que los que lo apoyaron son los señoritos de la zona como la familia Galán. Unos y otros viven en mundos distintos que confluyen con las indagaciones que va realizando Java cuyos avances llegan a oídos de la señora Galán que le ofrecerá al muchacho medicinas, alimentos y ropa a cambio de información. Al finalizar esta, terminarían los regalos. Por ello, Java emplea su astucia contándole a la mujer mayor aventis sobre Ramona alargando así esta colaboración de la que se beneficiará mientras pueda. Las desventuras de este pillastre son conocidas a través de la narración coral de sus compañeros que conforma una historia fragmentaria en la que lo que pasó y lo que creen que pasó se entremezcla en ellas.

Cuando los chicos no se explicaban entre ellos este tipo de narraciones orales, atraían a las chicas de Las Ánimas hacia el refugio secreto de los chavales para jugar con ellas a que las torturaban o para explorar sus cuerpos femeninos con la mirada pícara de chiquillos en los que crece el deseo sexual. Estos encuentros funcionaban como una iniciación sexual para ambos sexos aunque en ningún momento consumaran su deseo debido a las salvajadas a las que sometían a las chicas. Una de las más habituales consistía en atarlas y acercarles una vela al pubis mientras las interrogaban sobre alguna cuestión real o inventada para la ocasión. Ellas, creyendo en la inocencia de los actos de ellos, participan en estos entretenimientos hasta que pasaban a convertirse en lo que aparentaban ser. Torturas.

Por otro lado, Conrado Galán, procedente de una familia burguesa y que está empotrado en una silla de ruedas, regenta un piso carcomido por el polvo donde se organizan encuentros sexuales entre prostitutas y niños del barrio que quieran comer en abundancia a cambio de pasar el rato con las mujeres que Galán selecciona para este tipo de veladas. En la penumbra del cuarto donde los dos amantes dan rienda suelta a su pasión hay alguien escondido en la oscuridad que observa en silencio el espectáculo. Estos encuentros sórdidos son el rito de iniciación sexual de algunos muchachos del barrio como Java cuando conoce a Ramona a quien somete sexualmente. Pese a ello, él será dominado por el recuerdo que guarda de esta mujer enigmática a la que, según las aventis, busca porque se ha enamorado de ella.

Mientras los chicos del Guinardó pasan los días contando aventis, un grupo de maquis que se reúnen de forma clandestina para perpetrar robos a bancos o dinamitar edificios como muestra de su descontento hacia lo que representa El Caudillo. Los que no luchan viven ocultos en sus hogares lejos de los ojos de los opresores temiendo ser encarcelados o fusilados. Todos ellos creen que el Franquismo será derrocado pronto porque tienen la esperanza de que los que son contrarios al régimen se alzarán contra él. Algunos miembros de estos grupos de resistencia son familiares de los chavales del barrio como el hermano de Java. A su vez, la historia de Ramona entrelaza la trama de este grupo de hombres derrotados con la del los infantes del Guinardó.

Ella trabajaba para los Galán que eran afines a los que vencieron en la guerra mientras que su tío durante el conflicto bélico asesinó a un miembro de esta familia, ya que él era del otro bando. Al hallarse en un fuego cruzado, esta chica cambiará de nombre y vivirá de la prostitución huyendo así de su pasado. Los acontecimientos que le llevaron al estado en que Java la encontró se narran a través del recurso narrativo de los relatos orales que cuentan Java y sus compañeros, lo cual da lugar a que los sucesos que ella protagoniza no se aclaren hasta unir todas las piezas que componen su vida como ocurre con gran parte de la novela.

La trama de los niños, la de los antifranquistas y la de Ramona convergen en el barrio del Guinardó de postguerra siendo este el cronotopo que se extrae de los recuerdos que en Ñito despierta la mirada vidriosa del cadáver de un viejo amigo. En el presente narrativo ya no existe aquel lugar que presenció la pobreza y la miseria que dejó en las personas tras la lucha de las dos Españas porque ha sido sepultado por las reformas urbanísticas que se han ido produciendo con los años. Las heridas abiertas que esta dejó en infantes, hombres y mujeres se han ido cerrando en la superficie. Tampoco sigue en pie el refugio de Las Ánimas donde Java y los suyos cometían travesuras a la vez que algunos de los que vivieron allí o han muerto o son hombres llenos de imborrables tatuajes y cicatrices en la piel de la memoria.

Juan Marsé

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