¡No somos cojos, somos cojonudos!

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Planta 4ªAfronta el cáncer disfrutando de cada segundo que tengas como si fuera el último. Este es el mensaje que transmite Planta 4ª, cinta que ganó premio del público y premio a mejor director en el Festival de Montreal (2003) y que fue nominada al premio Goya a la mejor película (2003), de Antonio Mercero (Boca a Boca, 2003) que está basada en la obra de teatro Los Pelones de Albert Espinosa que, a su vez, se inspiró en su experiencia vital para escribirla. Los chicos que padecen este tumor maligno están en la cuarta planta del hospital luchando por sus vidas con humor, compañerismo y afrontando su situación lo mejor que pueden pese a que la muerte les aceche. Miguel Ángel, Izan y Dani junto a Pepino y, posteriormente, Jorge forman el grupo de Los Pelones, unos muchachos que tras haber pasado por varias sesiones de quimioterapia, operaciones o habérseles amputado una pierna se enfrentan a su enfermedad desde un punto de vista positivo y con una sonrisa en la cara siendo esta su mejor arma mientras están ingresados en el centro médico donde siempre hacen travesuras, escuchan la música de Estopa, toman el sol y juegan a baloncesto para parapléjicos. Su lema es “No somos cojos, somos cojonudos”.

Miguel Ángel es el bromista de la cuadrilla de Los Pelones que recibe este nombre porque a la mayoría de sus miembros se les ha caído el pelo como efecto secundario de la quimioterapia. Él se escuda en comentarios graciosos constantemente para sentirse querido por los demás, ya que no tiene ningún tipo de relación con sus padres. Cuando se sale del terreno cómico, se encierra en sí mismo para no afrontar la soledad que rodea a una vida con fecha de caducidad más temprana que a los demás. El humor de este chico ameniza el ambiente triste de la cuarta planta donde residen los jóvenes con fracturas en las piernas o cáncer. Aunque a veces pueda ser irritante, es querido por los demás. Su contrapunto es Dani quien hace frente a su situación de una forma más realista y menos bufa pero apoyándose también en las amistades que tiene en el hospital. Dado su carácter serio, suele chocar contra la comicidad de Miguel Ángel. El punto intermedio entre estos dos personajes contrapuestos es Izan que lleva cuatro años combatiendo su enfermedad esforzándose por mejorar y disfrutar del tiempo que pase con sus amigos.

Estos tres muchachos nunca se aburren. De día van al gimnasio del centro para hacer ejercicios que les fortalezcan y de noche realizan excursiones por el centro médico. Sus dos pasatiempos favoritos son oír los conciertos del hombre de mantenimiento, Alfredo, que emite sonidos musicales usando la boca y las manos. Pese a que no cante ni toque ningún instrumento, sus audiciones poseen una gran variedad sonora. Por otro lado, Miguel e Izan les hacen muecas a los recién que, como ellos, son pelones. Este tipo de actividades nocturnas apaciguan las circunstancias en las que se encuentran. Asimismo, no todo son carcajadas. Si bien es cierto que el humor rebaja la condición de estos chicos, en la película también hay lugar para la tristeza y la impotencia de tener sólo una pierna, someterse a pruebas constantemente y vivir excluidos del mundo exterior.

La visión de un recién llegado, Jorge, aportará el contraste entre la visión de los que están fuera del hospital a la de los que están dentro como cuando su amigo Ramón lo visita creyendo que tiene cáncer y ni siquiera le anima a seguir viviendo, ya que lo trata como si le faltasen días para morir. Esta hipocresía, en cambio, se contrapone con la de un niño que, en el día de visitas, le pregunta a Miguel Ángel cómo perdió la pierna. Ambos, haciendo uso de su imaginación, construyen una historia en la que un tiburón le comió la pierna a Miguel Ángel a lo que el pequeño le dice que coma verduras para que le crezca esbozando así una sonrisa en el gracioso de Los Pelones. Estos dos personajes secundarios reflejan cómo asimilan los amigos y familiares de las personas que padecen este tumor maligno la nueva situación de sus allegados. Es cierto que si alguien tiene cáncer se le acelera el día en que muera pero no por ello se le debe de sentenciar a la condición de enfermo terminal.

En su lugar, lo que enseña el film es a aceptar esta enfermedad y tratar con cariño a los que lo padezcan sirviéndose, a poder ser, del humor porque puede llegar a ser un arma muy poderosa contra la actitud negativa que envuelve a los que están como Los Pelones. El deporte es un factor importante para que este grupo de chavales refuerce valores como el trabajo en equipo, la camaradería y la lucha por la victoria. En este largometraje los protagonistas juegan a baloncesto para parapléjicos, lo cual les fortalece la mente, el cuerpo, el espíritu y les da una excusa para estar al aire libre fuera de las paredes del hospital. En la pista de básquet sólo cuenta el balón y los colegas.

¡No somos cojos, somos cojonudos! es la insignia que se remarca en esta cinta de Antonio Mercero llena de diversión, humor, amistad y lucha por vivir con una sonrisa en la cara a pesar de contraer cáncer.

planta cuarta

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