El abismo del juego

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La vida en l'abismeEn clave autobiografía, Ferran Torrent en La vida en l’abisme (Columna, 2004) narra su desencanto ante la sociedad franquista de la Valencia de los años setenta donde él repudiaba los valores sociales preestablecidos y admiraba la figura de El Rubio, un tahúr, que lo introduce en el mundo nocturno de las timbas, el alcohol, las prostitutas y las estafas a bancos. Para él, contemplar la soltura con la que su ídolo ejecutaba estas acciones suponía un acto de rebeldía en un país que estaba sometido a un régimen dictatorial. Con minuciosidad quirúrgica y cierta ingenuidad, el autor relata los tipos de juegos de cartas en los que participa como gafe, observando cómo alguien a quien venera apuesta grandes sumas de dinero como si fuera calderilla y tiende a ganar.

Ferran Torrent a los veintiún años se sentía atraído por la gente que vivía por encima de los límites morales y sociales preestablecidos, estando al borde del abismo. Una noche perdió una partida de copo contra un jugador que, en lugar de amenazarle para que saldara su deuda, lo tomó como compañero de juergas al saber que el chico no podía devolverle de inmediato la suma que le debía. Así fue como Ferran conoció al Rubio y, durante unos meses, se convirtió en colega y testigo de las hazañas que este personaje realizaba como un gran experto. No importaba el tipo de juego de cartas en el que participaba porque el Rubio era prácticamente imbatible en todos ellos. La imagen que se perfila en la novela de este individuo está llena de misterio debido a lo poco que le conoce Ferran.

Pese a ello, se puede entrever por su modo de sentir el juego qué tipo de persona es, ya que, según se indica en el texto, uno es en la vida lo que es en una partida de cartas. Este tahúr, en los dos ámbitos, aparenta ser un ganador que siempre consigue lo que quiere y que se rige por un código ético propio que está alejado de la ley y de los convenios sociales. La visión que se ofrece de él en la obra está sujeta al punto de vista de Ferran que actúa como narrador, protagonista y autor de modo que la figura de El Rubio está distorsionada por cómo lo percibe Ferran. Su admiración por su nuevo amigo hace que describa de forma meticulosa los hábitos de los jugadores con los que se cruza en las timbas. Por ejemplo, todos siguen un ritual o tienen alguna superstición antes de empezar el juego de cartas que toque como, por ejemplo, llevar algún objeto que les dé suerte o ir acompañados por un gafe que intimide a los adversarios.

En definitiva, La vida en l’abisme narra cómo el abismo al que se aboca El Rubio absorbe a Ferran Torrent llevándolo a frecuentar ambientes nocturnos en los que predomina el juego y el alcohol a través de una mirada presente que siente cierto grado de nostalgia por aquellos días gloriosos de desenfreno al lado de la figura desdibujada de El Rubio.

Ferran Torrent

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