Canciones encadenadas: «Macarena» y «Vitorino»

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Las canciones encadenadas consisten en piezas musicales que se enlazan entre sí al continuar la historia que se inició en la más antigua de la secuencia como si de una secuela se tratara. La sucesión de un mismo relato musical también se daría en aquellos casos que presentan una situación opuesta a otra a la que rinden homenaje estableciendo así un hilo conductor entre la canción venerada y la de nueva cuña. Dentro de la primera clasificación se hallan las canciones «Macarena» de Los del Río y «Vitorino» en la que el dueto sevillano colabora con King África para retomar el relato que les mantiene en el imaginario colectivo de fiestas verbeneras, bautizos, comuniones y celebraciones de toda índole.

El contenido de «Macarena» se limita a esbozar a una chica, presuntamente bella, que lleva este nombre y la cual disfruta veraneando en Marbella, vistiendo las prendas más modernas del momento, anhelando vivir en Nueva York y cambiando de pareja en cuanto pueda. Estos rasgos dibujan a una joven consumidora que vive el presente, pensando en mudarse a la tierra de las oportunidades a la vez que conozca a otro hombre. Sobre Vitorino, se le menciona someramente como un muchacho que ha realizado el servicio militar y que pelea con dos amigos por motivos desconocidos. No se indagará sobre su persona hasta diez años más tarde cuando Los del Río, junto a King África, cuenten qué le sucedió con su chica en otra melodía festiva.

«Vitorino», a diferencia de su predecesora, comprende una letra que da más juego a pesar de que se repita la fórmula de hit veraniego cuya única finalidad es que las personas la bailen sin que el relato que cuenten sea relevante. El dúo sevillano le da el protagonismo perdido al que fuera novio de Macarena para revelar el desdén que sufrió por su pareja al dejarlo este cuando le llegó la fama. Dicha popularidad es una referencia a la de la canción de título homónimo a la novia del muchacho, ya que la fama arrebató a la protagonista de uno de los hits de verano por excelencia de los brazos de este chico. Sin embargo, a modo de amigos del joven apenado, los tres cantantes le animan a seguir adelante con su vida y olvidar a la mujer que lo abandonó por el éxito como refleja la incesante repetición de la expresión “¡Tururú!” en el estribillo. En este sentido, lo que le sucede al personaje tras la ruptura con su pareja continúa el relato de su predecesora dejando una elipsis temporal entre ambas composiciones musicales. Si bien la primera arrasó en todo el mundo, apenas nadie recuerda esta segunda parte.

Las canciones encadenadas como las dos que se han esbozado en este artículo prueban que en la música, así como en los textos narrativos, existen continuaciones de obras famosas cuyo destino permanece en la sombra del tema que le precede como un agujero negro que le impide brillar con luz propia. La falta de contenido narrativo de la primera se solventa vagamente en la segunda mientras que la difusión por los medios de comunicación y fiestas veraniegas lo consigue la primera dejando a la segunda a las orillas de la memoria de algunos.

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