La inacción en La conjura de los necios

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En La conjura de los necios (A confederacy of dunces, John Kennedy Toole, Louisiana State University Press, 1980) reina la inacción de Ignatius J. Reilly sobre el que pivota gran parte de la trama. Este personaje, que posee un gran intelecto y estudios universitarios, se abandona a su suerte. Si quisiera, podría conseguir un trabajo acorde con su formación, independizarse del hogar familiar y dejar de lanzar evasivas como su delicado estado de salud o la desconfianza hacia una sociedad de la que recela constantemente. En todo momento lanza ataques verbales o escritos contra cualquier aspecto social que, según su sabio criterio, dista de ser correcto. El tiempo que dedica en estas batallas que no llegan a ninguna parte demuestra la falta de voluntad para emprender un propósito acorde con sus capacidades intelectuales que se difunda en un medio en el que sea comprendido. La única voz que puede alejarlo de esta inacción en la que vive encarcelado es la de su amiga Myrna Minkoff con la que mantiene una relación por correspondencia.

Su cuarto, casa y ciudad natal se convierten en la prisión invisible de Ignatius debido a su temor por salir a un mundo exterior repleto de obscenidades. Cada vez que interactúa con otras personas emplea su lenguaje culto para denunciar actitudes que van en contra de sus creencias a la vez que ejecuta una denuncia social. Estas críticas, en clave humorística, las emplea en su cotidianeidad con el objetivo de hacer ver a los demás el error que cometen. Su elocuencia y sus conocimientos podrían ayudarle a mantener un empleo en consonancia con sus estudios. En su lugar, Ignatius odia trabajar. Encuentra en esta tarea una labor torturadora incompatible con su supuesto frágil estado de salud mientras que encerrarse en su habitación escribiendo la gran obra de su vida entre mordisco y mordisco de toneladas de comida no perjudica, según él, a su mente ni a su cuerpo.

En esta novela de John Kennedy Toole, se contempla cómo Ignatius se desenvuelve en dos trabajos. El primero, en una fábrica de pantalones vaqueros, intenta sin éxito promover una revolución entre trabajadores afroamericanos explotados laboralmente, lo cual no consigue ya que, al igual que él, se quejan de su situación para no mejorarla por temor al cambio. Su segunda experiencia laboral, como vendedor ambulante de perritos calientes disfrazado de pirata, lo lleva al barrio francés de New Orleans donde da lecciones a la primera persona con la que tope con una acidez y soberbia que atraen a los problemas. El uso que le da el personaje a sus conocimientos, siempre en clave humorística o satírica, persigue enmendar los errores de la sociedad que tanto detesta. En cambio, este desprecio hacia el mundo impide que el personaje vuele del nido familiar para compartir su forma de entender la realidad dando conferencias en lugares propicios al debate en los que sus argumentos puedan ser escuchados, aplaudidos o discutidos.

La inacción en La conjura de los necios reflejada en Ignatius J. Reilly no es intrínseca en él, ya que existen cientos de personas con la formación y el bagaje cultural del personaje que si salieran de su zona de confort, podrían luchar por obtener un trabajo mejor o encontrar un lugar en el que al verbalizar sus ideas estas no se pierdan retumbando en paredes sordomudas. Al igual que Ignatius al final de la obra, hay que dejarlo todo atrás y actuar antes de que sea tarde.

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