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Las tres vidas de Obito Uchiha

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Obito Uchiha, shinobi de Konohagakure, sufrió varios cambios de rumbo en su vida debido a las consecuencias de la guerra, el engaño, la muerte y el deseo de cambiar el mundo infernal en el que creyó que se había convertido la realidad. Adoptó tres vidas con distintos propósitos y nombres, pero en todas ellas mantuvo la fijación de proteger a los demás de su dolor, empezando por sí mismo. Dentro de la historia del manga Naruto (Masashi Kishimoto, 1999 – 2014), este personaje nació como miembro del clan Uchiha, un grupo de ninjas con el poder visual del sharingan que se transmitía a través del linaje de esta familia. Cada individuo entrena su poder visual llevándolo a las distintas fases de desarrollo. Por ejemplo, a partir del mangekyou sharingan se manifiestan unos rasgos en la pupila del usuario con una habilidad especial que solo poseen esos ojos. Gracias a esta singularidad, el autor revela qué fue de Obito antes de desvelar detalladamente su sino. Presentado desde joven, se van narrando las vidas del personaje a lo largo de la obra, haciendo hincapié en el último arco narrativo del manga. El camino que elige Obito como ninja se inicia en la luz, se envuelve en oscuridad y, finalmente, intenta redimirse en su última vida.

Obito Uchiha es presentado como un muchacho que sueña con ser Hokage, el líder de su villa de shinobis, en un contexto próximo a la Tercera guerra ninja. Pese a los tiempos convulsos de su época, cree firmemente en que alcanzará su propósito. En una misión con su equipo, su compañera Rin es capturada por el enemigo y su compañero Kakashi no está de acuerdo con el joven Uchiha en rescatarla. Obito, por su parte, decide ir en busca de su compañera. Ante la determinación del joven, Kakashi cambia de opinión y logran salvarla. Los tres pelean contra los secuestradores y, tras despertar su sharingan, un derrumbe que podría haber matado a Kakashi, deja al joven Uchiha al borde de la muerte. Antes de despedirse de su equipo, Obito le regala un de sus ojos a Kakashi.

En una cueva, despierta. Madara Uchiha cuida de él junto a unos humanoides vegetales llamados Zetsu fabricados con células de Hashirama Senju. Para que el chico vuelva a ser shinobi, Madara le trasplanta células de Zetsu. En el proceso de curación del muchacho, el viejo le desvela su plan de crear una realidad de ensueño sin dolor, muerte ni sufrimiento. Obito reniega de esa locura. Un día, sale de su cautiverio al saber que sus amigos corren peligro. Al reencontrarse con ellos, contempla como Kakashi asesina a Rin. Esta atrocidad despierta el mangekyou sharingan del muchacho que acaba con los enemigos que halla a su paso. Un mundo así es un infierno. Al volver junto al anciano Uchiha, el joven acepta ayudarlo a crear una realidad sin dolor. Así finaliza la primera vida de Obito Uchiha.

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Identidad prestada en Mad Men

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Una existencia anodina puede tomar una identidad prestada para acabar con esa persona patética que se refleja en el espejo. Un cambio tan radical permite a quien lo realice un nuevo comienzo. Distinto nombre, historia, costumbres, trabajo. De las cenizas del ser que deja atrás nace alguien de cero que puede convertirse en lo que quiera. Cuánto más crea en su nueva identidad, más convincente será para los demás. Hoy en día esta metamorfosis sería hartamente compleja. Sin embargo, en la serie Mad Men (Matthew Weiner, AMC, 2007 – 2015), ambientada en la década de los años sesenta en Estados Unidos, cualquiera que sepa aprovechar una oportunidad puede disfrutar del estilo de vida americano. No importa quién fueras en tu hogar natal porque en la tierra de las oportunidades de esa época se triunfaba con mentiras elegantes vestidas de verdad. Bajo esta premisa pivota Don Draper que anteriormente fue Dick Whitman.

Richard ‘Dick’ Whitman nace de un adulterio, crece en una casa de prostitutas y un día es enviado a la Guerra de Corea como soldado de los Estados Unidos de América. En lugar de combatir en el frente, le asignan la tarea de ayudar al teniente Donald Francis Draper a construir un hospital de campaña. Una explosión fortuita acaba con el superior de Whitman quien ve una oportunidad de empezar de nuevo siendo otra persona, tomando la chapa de identificación del difunto. En ese momento nace el segundo Donald Francis Draper. Al regresar a su hogar, Don entierra todo lo relacionado con Dick, encuentra trabajo y se topa con el primer obstáculo de su identidad prestada, la viuda del verdadero Draper. Esta, tras escuchar la historia de Dick que le promete ayudarla de por vida, se convierte en la única amiga real del personaje. Solo con ella volverá a ser Dick cuando la vorágine de falsedad disfrazada de éxito abrume a Don. El rechazo hacia su vida anterior desemboca en el suicidio de su hermanastro que entristece al comprobar que su hermano mayor, al que lleva años buscando, niega que antaño fuera Dick.

La ausencia de cualquier rastro de lo que vivió antes de convertirse en Don Draper supone una liberación para un personaje que sabe aprovechar las oportunidades laborales que encuentra por el camino. Tras lograr que Roger Sterling lo contrate para la agencia de publicidad de su padre, se va construyendo en Dick/Don la imagen de un hombre de clase media que vive el llamado sueño americano. Se casa con una mujer bella, forman una familia aparentemente perfecta, se establecen en una zona residencial y todo son sonrisas, apretones de manos y felicitaciones ante el gran publicista Don Draper. Entre las bambalinas de esta vida modélica Don se evade de ella mediante el alcohol y el adulterio. La máscara de hombre ejemplar le pesa como una losa aunque se desahogue con estos vicios, a pesar de provocar dos divorcios y de conseguir que su imagen en el trabajo se desmorone.

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Vacíos

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Ausencias (La isla de Siltolá, Sevilla, 2017), primer libro de cuentos de Raúl Clavero (Salamanca, 1978), lo componen veinte relatos repletos, por un lado, de formas de asimilar la pérdida de un ser querido o de la inocencia debido a un suceso traumático mientras que otros textos de este compendio ahondan en la construcción de la identidad de los personajes a modo de exploración personal. La muerte y la enfermedad acechan la cotidianeidad de padres, madres, hijos y amigos que llenan el vacío de sus corazones de la mejor manera que pueden. Como dato anecdótico, cada pieza del libro ha sido premiada o finalista en algún concurso literario.

La muerte nos rodea, nos golpea y nos hiere cuando se lleva a alguien amado. Afrontar el duelo por esa persona que ya no está con nosotros es un camino lleno de dificultades que cada uno recorre cómo puede. Negar los recuerdos ligados a seres fallecidos trágicamente es la reacción de Ricardo en «Ausencias» y de una madre a la que le cuesta asimilar la defunción de su pequeño en «Los pasos pendientes». Ambos personajes evaden el doliente suceso que explotó en su vida para negarlo llevando una existencia solitaria u obsesionándose con lo que pudo haber sido del amado familiar, respectivamente. La incomprensión que reflejan estos cuentos ante la última frontera de la vida se mezcla con la culpabilidad del superviviente. El no entender la causa de la defunción de alguien cercano lo comparten con los padres que aparecen en «Hormigas» ante la pérdida de su hija. Distintas reacciones ante el final que todos compartimos desvelan una inquietud por parte de Clavero por indagar en cómo nos afecta el fallecimiento de un ser querido.

En sintonía con el enfrentamiento hacia el vacío que deja en el corazón el que abandona este mundo se profundiza en cuentos como «El atasco» o «Cajas» en la actitud de un familiar sobre la enfermedad de otro. En el primer caso el cerebro de un niño deja de acumular experiencias vitales mientras su cuerpo continúa creciendo, lo cual provoca que repita perpetuamente las inquietudes propias de la infancia. El amor y la paciencia ante la inamovilidad de la medicina son las únicas vías que la madre de este joven posee para lidiar con su nueva realidad. Por su parte, en el segundo texto un niño pierde la inocencia al darse cuenta de la frágil salud de su hermano al que tanto quiere. No importa la edad al tener que adaptarse al malestar que padece un familiar, ya que el afecto que sentimos hacia esa persona nos da fuerzas para sobrellevar esa situación tal y como reflejan estos escritos cuyos personajes pueden existir en nuestra cotidianeidad. Lee el resto de esta entrada

Identidad múltiple en Dollhouse y Split

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La identidad múltiple en la serie Dollhouse (2009 – 2010) de Joss Whedon y en el largometraje Split (2017) de M. Night Shyamalan forma parte del corazón de las tramas de las dos obras. Ambas plantean cómo se comporta una persona cuando en su mente habitan varios caracteres distintos. El desarrollo de esta idea diverge en las dos piezas audiovisuales. Pese a ello, se hallan puntos en común como la voluntad por parte del ser receptor de tantas voces por hallar un equilibrio en su cerebro o la encomiable interpretación actoral de los artistas que dan vida a estos individuos únicos. Sin este último ingrediente, la propuesta argumental que plantea la ficción televisiva de Whedon y la película de Shyalaman se desmoronaría.

Dollhouse trata sobre una corporación que actúa de forma ilegal vaciando las mentes de personas a las que previamente se les convence en una dollhouse de que les tratarán para mejorar su estado de ánimo sin especificarles los entresijos de su nueva situación que consiste en olvidar, mediante un proceso tecnológico, quienes eran para después implantarles un individuo base que se conoce como doll o activo. Una vez los sujetos carecen de sus recuerdos son sometidos a un tratamiento a través de aparatos electrónicos en el que se les descarga en su cerebro una personalidad programada con habilidades, recuerdos de toda una vida, idiomas y memoria muscular, entre otras características. La finalidad de la doll es satisfacer los deseos del cliente que contrata los servicios de la empresa que proporciona estos activos. Al terminar un trabajo, los sujetos regresan al laboratorio en el que viven y se les borra la persona que han emulado ser para regresar al estado base que es dócil, obediente y carente de aprendizaje a través de la experiencia.

Bajo este contexto, aparecen dos personajes, Alpha y Echo, que rompen el estado pasivo de los dolls, aprendiendo a ser conscientes de que son prisioneros en unas instalaciones en las que constantemente les manipulan para ser alguien distinto. Alpha es un doll que pierde el juicio al bajarse los datos de unas cuarenta personalidades en su cerebro, lo cual provoca efectos secundarios como la imposición de uno de los tipos de dentro de su cabeza sobre otros sin que el supuesto líder, Alpha, controle quien aparece en cada momento ni cuándo. Con el tiempo, subsana este problema. Por su parte, Echo, por obra de Alpha, le sucede lo mismo con la única diferencia de que ella es la que decide qué personalidad sale a la superficie y en qué momento. La singularidad de estos personajes reside en que, pese a ser fruto de un experimento científico, aceptan que en su interior existen diferentes personas con toda una vida realizada, lo cual les da una perspectiva más clara sobre cómo actuar para detener a la corporación que rige dollhouse, siendo este el objetivo último de la serie. Dicha tarea se consigue gracias al dominio de Echo de su nueva situación como recipiente de identidades múltiples, lo cual alcanza practicando ejercicios nemotécnicos y fingiendo la obediencia ciega para la que la han programado. Su rareza como doll es lo que le permite avanzar en el camino que derroque a los responsables de la corporación contra la que se lucha en esta ficción televisiva.

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Etiquetas sexuales

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sxEn la especie humana, el macho se aparea con la hembra para que la especie perdure. Asimismo, el hombre alimenta a la mujer mientras esta cuida felizmente de su progenie por los siglos de los siglos. Afortunadamente, estos dos aforismos están en ruinas. El hombre y la mujer pueden copular con una gran variedad de seres humanos según sus gustos. En este sentido, hay dos grupos sexuales opuestos entre sí. Por un lado, los heterosexuales mantienen relaciones intimas con personas del sexo opuesto. Es decir, hombres con mujeres. En principio, ellos viven felices en su trono de poder, ya que la ciencia y la religión los ha situado en él. Asimismo, tienen el favor de la sociedad. Así pues, un heterosexual se siente fino y seguro con su identidad sexual. Por otro lado, las personas que no copulan con el sexo opuesto forman parte del subalterno sexual también conocido como homosexual. Bajo esta etiqueta se incluyen identidades sexuales como gais, lesbianas, transexuales, bisexuales, intersexuales, pederastas, pedófilos, zoofílicos, fitofílicos, etc.

¿Realmente es así? No. Ser identificado como heterosexual no garantiza el éxito en ningún ámbito. Probablemente, esta inseguridad milenaria originó los métodos de seducción que siguen en pie hoy en día. Un ejemplo es el de los tipos duros. Según la lengua popular, una mujer se derrite ante machos varoniles, bebedores de cerveza y malas personas. Este tópico se derrumba por sí solo. Si el ideal heterosexual femenino, fuesen los maltratadores jamás ingresaría en el grupo de los heterosexuales masculinos. En el polo opuesto, se encuentran los caballeros. Tradicionalmente, se ha creído que una mujer necesita ser rescatada por un príncipe de brillante armadura. Es decir, un hombre educado, cortés y caballeroso. ¿Y si un hombre se siente disfrazado asimilando estos dos prototipos? En ese caso, la sabia lengua popular dictamina que nunca encontrará con quien aparearse. En conjunto, todos estos consejos orales son máscaras aceptadas por la sociedad. Su funcionalidad es tan relativa como el relativismo einsteniano.

Si un hombre heterosexual quiere hacer funcionar una relación, debe fomentar: confianza, respeto, sexo complaciente y fidelidad. A priori, estos serian los ingredientes de una relación heterosexual sólida. No obstante, este método como los anteriores tambalea debido a la biodiversidad existente entre los heterosexuales. Fijar cómo seducir al otro es contraproducente. Su único resultado es una intensa jaqueca. ¿Sucede lo mismo con los hombres afeminados? Se dan patrones similares en todo el mundo sin importar su identidad sexual o de género. No obstante, el membrete “hombre afeminado” es una etiqueta compleja. En principio, es un eufemismo para indicar que un hombre heterosexual es gay. Si activamos nuestro radar homosexual, podremos descubrir rasgos homosexuales en un ser humano y catalogarlo como tal. Es un método infalible. Aun así, cientos de hombres actúan como deberían comportarse las mujeres sin ser homosexuales. ¿Nuestro radar está estropeado? Siempre lo ha estado. Lee el resto de esta entrada

Identidad

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people2¿Una identidad se hace o se nace? Se está construyendo como todas las identidades. Por tanto, uno no nace con la misma configuración en el disco duro que cuando muere. A lo largo de la vida el ser humano se hace muchas preguntas. Entre ellas destacan las siguientes: ¿Cómo me siento conmigo mismo? ¿Qué quiero ser de mayor? ¿Seré quién quiero ser sin dejar de ser yo mismo? ¿Quién soy? E aquí el quid de la cuestión. Ser o no ser ya no es la cuestión a resolver. Ni siquiera es lapidaria la afirmación cartesiana de que la existencia se debe a la capacidad de pensar. La identidad es un devenir que moldea al individuo durante toda su vida.

¿Qué factores influyen en la identidad? En teoría, habría factores externos e internos al individuo que lo modificarán de un modo u otro. En primer lugar, el entorno donde se desarrolle un sujeto moldea su identidad. Así pues, los binomios rico – pobre, blanco – negro, hombre – mujer, joven – anciano, etc. conducen la identidad de un individuo hacia un camino u otro. Otro rasgo que modula la identidad son los colectivos que frecuente una persona: estudiantes, trabajadores, emos, góticos, músicos, bohemios, geeks, otakus, deportistas, religiosos, etc. Todos estos grupos podrían interconectarse en la vida de un ser humano. Asimismo, perfilarían la manera de ser de una persona y la identidad que se esté construyendo.

¿Los sucesos traumáticos también perfoman tu identidad? En efecto. Un caso interesante es el de Edmond Dantés en El conde de Montecristo (1844 – 1845) de Alejandro Dumas padre. Partiendo de la adaptación para televisión llevada a cabo por Josée Dayan (1998), destaca las mutaciones de Dantés. Él es encerrado en prisión por un crimen que no cometió. Milagrosamente, logra escapar y encontrar el tesoro escondido del abate Faria. Gracias al oro, su identidad será alterada radicalmente. Él ya no usará nunca más el nombre de Edmond Dantés. Ahora será conocido y temido como el conde de Montecristo. Asimismo, este personaje se disfrazará de banquero Lord Wilmore y del religioso Padre Busoni. Por ello, un solo hombre se hará pasar por tres individuos distintos. ¿Los personajes creados por Dantés se diferencian de él mismo? No porque cada uno de ellos es una extensión de ciertas características de Dantés. Lo mismo sucede con las personas de carne y hueso. Lee el resto de esta entrada