Toma lo que necesites

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Lo mejor que le puede pasar a un cruasánSexo, drogas, poco trabajo, debates en internet y vuelta a empezar. Así podría definirse la rutina diaria de Pablo Miralles en Lo mejor que le puede pasar a un cruasán (Lengua de Trapo, Madrid, 2001) de Pablo Tusset (Barcelona, 1965). Él, a pesar de ser el hijo de un rico empresario, no tiene ambición por seguir el legado familiar a diferencia de su hermano Sebastián que sí lo continúa, lo cual convierte a Pablo en la oveja negra de su ilustre familia mientras que Sebastián es el ejemplo a seguir. La contraposición entre estos dos personajes se verá patente durante toda la obra, ya que, a regañadientes, Pablo acepta el encargo de su hermano de investigar un inmueble del número 15 de la calle Jaume Guillamet de Barcelona a cambio de cincuenta mil pesetas. Al verlo como un negocio sencillo, lo acepta. Días después atropellan a su padre y su hermano desaparece junto a su secretaria. Ante esta interrupción de su desenfrenada cotidianeidad, Pablo se convertirá en una suerte de detective en busca de Sebastián.

Pablo, mientras indaga sobre los sucesos extraños que rodean a su familia, deambula entre los dos mundos a los que pertenece que son la alta sociedad de donde procede y las personas con las que se relaciona a diario que integran el tejido social de trabajadores que se ganan la vida cómo pueden. En este ambiente distendido Pablo disfruta del día a día sin las preocupaciones que tendría si adoptara la actitud de su familia. Por ello, toma lo que le apetece ya sea comida, drogas o mujeres. No sigue unos horarios preestablecidos ni se rige por normas que no sean las suyas. Tal y como indica la cita que inicia la novela, él es fiel a la filosofía del oso Baloo, de The Jungle Book, de tomar lo que uno necesite para vivir plenamente. Lo demás son florituras. Esta cotidianeidad relajada se ve sacudida ante los problemas familiares ante los que Pablo deberá enfrentarse, ya que es el único hombre Miralles capaz de solventarlos aunque ni sea detective ni, según sus parientes, el tipo más apto para tal cometido. Aun así, es lo mejor con lo que sus padres y su cuñada pueden contar para llevar el asunto con discreción.

Para investigar las pistas que Pablo va encontrando sobre el paradero de su hermano, él asimilará la apariencia de un miembro respetado de la alta sociedad barcelonesa a la que pertenece por nacimiento, siendo esta nueva vestimenta opuesta a la ropa informal que define al personaje. Sin embargo, su transformación física es solo un disfraz, puesto que mantiene los mismos vicios y virtudes de siempre con la única diferencia de que ahora se pasea por la ciudad condal y cercanías con un Lotus Esprit v8 gt de 1997 de color negro al que apoda como Bagheera, siguiendo así con la referencia a The Jungle Book a la vez que con este mote se resalta la relación estrecha entre el hombre y la máquina. Gracias a su nueva apariencia, podrá indagar en el lado sombrío del lujo barcelonés que prueba las mismas adicciones que él aunque las de ellos son más caras. A pesar de camuflarse por ambientes que no suele frecuentar, él continúa emborrachándose en el bar de siempre, viéndose con mujeres y participando en debates filosóficos por internet.

Sin importar por donde se mueva, Pablo relata con su punto de vista mordaz, ya sea mediante humor o sátira, a la hipocresía de la alta sociedad en la que ha nacido y por la que deambula frenéticamente en busca de su hermano perdido, ya que debido a su modo de vida no se siente arraigado a ellos aunque se relacione de vez en cuando con sus padres, su hermano y su cuñada. Por otro lado, hay un rasgo omnipresente en el personaje y es que tanto en sus bromas como en los comentarios que lanza al observar lo que le rodea los complementa con referencias a la cultura popular como los personaje ya mencionados del The Jungle Book, lo cual denota un gran dominio del autor en este tema, puesto que las menciones a la cultura popular pueblan prácticamente toda la obra.

La incógnita de descubrir el paradero de Sebastián Miralles genera un grado de intriga que se dosifica durante el texto y que, como es habitual en novelas con tintes policíacos, se resuelve en algún punto de la trama. Lo curioso de cómo se trata este aspecto en este caso radica en que el narrador inserta pequeños comentarios que revelan que lo que ha sucedido con el hermano de Pablo puede ser más grave de lo que su entorno cercano quiere admitir. Estos indicios acrecientan la curiosidad del lector por saber qué pasará después. Si bien este recurso consigue fijar la atención en Sebastián, hacerlo podría suponer, a priori, no prestar atención a las subtramas que rodean esta búsqueda como es las relaciones de Pablo con las mujeres, el objeto de estudio que este personaje elabora con otras personas mediante chats en internet o la visión crítica de Pablo sobre la alta sociedad Barcelona que realiza como un miembro desarraigado de ella. Sin embargo, bajo la premisa de que encontrar el paradero del primogénito de los Miralles es el eje de la obra, estas tramas secundarias acaban enlazándose en algún momento con ella.

Lo mejor que le puede pasar a un cruasán es, en definitiva, el reflejo de cómo un hombre se desata de los convenios sociales con los que ha nacido y elige su propia manera de vivir por muy poco ortodoxa que sea. Él cubre sus necesidades y lo demás es secundario.

Pablo Tusset

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