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Malviviendo en 10 frases

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Malviviendo (David Sainz, Diffferent Entertainment, 2008 – 2014) fue una webserie española revolucionaria que hoy cumple diez años. Desde el episodio piloto se presenta un barrio periférico de Sevilla, Los Banderilleros, que ejerce de escaparate de personajes del lumpen a través de los cuales se realiza una mordaz crítica social en clave humorística y que va acompañada de innumerables referencias a la cultura pop. Asimismo, el hecho de que este proyecto, cuyo primer capítulo costó cuarenta euros, alcanzara a tanta gente debido a la difusión que tuvo por Internet lo sitúa como un fenómeno serial cuyas tramas y rasgos distintivos se mantuvieron durante las treinta entregas que duró. Recuerdo la primera vez que supe de su existencia. Era un día entre semana sobre las cinco de la mañana y encendí el televisor en La2. Tiempo después supe que el programa era Tras la dos. En la pantalla apareció un chico con rastras, gorra y cara de comerse el mundo antes de que el mundo se lo comiera a él. Era David Sainz hablando de esta serie que empezaba a cosechar un gran éxito con sólo dos episodios emitidos. Junto a la entrevista que estaban realizando introdujeron escenas del episodio piloto. El ambiente de barrio, el aspecto de ‘El Negro’, sus reflexiones sobre la vida y la apuesta por contar la historia de los que malviven en la periferia sin omitir la cruda realidad provocaron en mí un flechazo a primera vista con este relato serial. En su décimo aniversario remarco diez frases que, en mi opinión, condensan la esencia de Malviviendo.

1. ¿Saben el amigo de su hijo por el que sospechan que su hijo fuma? (Malviviendo, 1×01 «Me dicen Negro»)

Con esta pregunta se presentaba el personaje de Jesús Blanco ‘El Negro’, un joven canario que se mudó a Sevilla para terminar sus estudios universitarios. Los azares de la vida lo llevaron por otros caminos que se cuentan en el transcurso de la serie. A través de un monólogo interior que empieza con esta pregunta, este personaje se describe como un gorrilla que fuma, habita en una caravana y malvive con el dinero que su madre le envía desde su tierra natal. Sus gorras, sus rastras y sus reflexiones filosóficas mostrarán una parte del tejido social del que forma parte. Habrá otras voces narrativas, otros lugares, tiempos y situaciones que compondrán la fisionomía de Los Banderilleros. Mientras pronuncia su presentación, aceptamos la invitación de entrar en su mundo a lomos del humo de su cigarro.

2. Ni una, ni dos, ni tres, sino tres (Malviviendo, 1×01 «Me dicen Negro»)

Una coletilla, un chascarrillo, una expresión repetitiva que regresa una y otra vez para que se identifique con un personaje concreto, con su forma de ser, de actuar, de moverse entre los demás. Todo esto recae sobre la frase clásica de Raúl Antúnez ‘El Zurdo’. Desde su primera aparición incluye esta muletilla en la mayoría de sus intervenciones. Tanto es así que incluso en la canción «Postilla despierta» se incluye cuando le toca cantar a ‘El Zurdo’. A él se le identifica inmediatamente con esta frase debido a la cantidad de ocasiones en que la pronuncia.

3. La suerte nunca se olvida (Malviviendo, 1×01 «Me dicen Negro»)

Al final del piloto aparece esta frase en un grafiti pintado en la persiana de un comercio junto a un trébol de cuatro hojas. En sí misma esta imagen no aporta mucho. Su significado dentro del capítulo, en cambio, entronca con la reflexión final de ‘El Negro’ sobre la suerte al final de esta entrega que arroja una brizna de optimismo ante el cuadro costumbrista que acaba de presentar. Lee el resto de esta entrada

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GLOW: el espectáculo debe continuar

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GLOW (Netflix, 2017 – presente) regresa para ofrecer un segundo asalto centrado en los entresijos que mantienen el programa de lucha libre de mujeres ahora que les han dado luz verde para una primera temporada. La segunda entrega de esta serie, basada en un show de la década de los años ochenta de título homónimo, trae consigo más peleas y trasfondo de personajes que no brillaron tanto en la anterior temporada mientras se muestra cómo se mueven los hilos que dan vida al programa televisivo dirigido por Sam Sylvia. El máximo exponente de esta fórmula es el octavo episodio «The Good twin», el cual reproduce de inicio a fin cómo los espectadores ven un capítulo del show GLOW por televisión. El compañerismo, los combates épicos y la determinación de las luchadoras de este espectáculo mantienen ese brillo sin igual en esta nueva temporada.

La trama continúa donde quedó al final de la primera entrega de esta ficción serial. La emisión por televisión del episodio piloto del programa que da título a la serie. Debido al a buena acogida de este, la propuesta de Sylvia consigue un espacio en la parrilla de la cadena  K-DTV para emitir una temporada. La noticia genera cambios en el decorado, en el rol de algunos personajes y en la certeza de que para darle difusión al show se necesitan anuncios publicitarios. El ring se engalana de negro y rosa a la vez que se colocan un grupo de cámaras para poder grabar todas las llaves, reacciones del público y escenas que aportan una narrativa a las peleas. Empieza el espectáculo. Mientras que en la anterior temporada se buscaban alter egos para las luchadoras, en esta se construyen historias en torno a ellos que atraigan al espectador tanto para darle un contexto a las contiendas como para anunciar productos de toda índole. El personaje que más explota esta campaña para atraer a nuevo público es Liberty Bell, ya que ella representa los valores tradicionales de una mujer norteamericana, con lo cual el mensaje que simboliza es más fácil que llegue al espectador medio.

Entre bambalinas, sin embargo, los miembros del programa escalan una montaña de obstáculos para mantener el show a flote. El punto de inflexión de esta batalla por sobrevivir en televisión se halla en un caso de acoso sexual cuando el director de la cadena en la que se emite GLOW manosea el cuerpo de Ruth en una habitación de hotel hasta que ella se escapa en un descuido del tipo. En consecuencia, cambian el horario de emisión del programa para relegarlo a la madrugada cuando apenas nadie mira la televisión. Este golpe no noquea a las chicas. Al contrario, deciden entrenarse más duro para ejecutar llaves y movimientos tan increíbles que todo el mundo querrá verlas.

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Identidad prestada en Mad Men

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Una existencia anodina puede tomar una identidad prestada para acabar con esa persona patética que se refleja en el espejo. Un cambio tan radical permite a quien lo realice un nuevo comienzo. Distinto nombre, historia, costumbres, trabajo. De las cenizas del ser que deja atrás nace alguien de cero que puede convertirse en lo que quiera. Cuánto más crea en su nueva identidad, más convincente será para los demás. Hoy en día esta metamorfosis sería hartamente compleja. Sin embargo, en la serie Mad Men (Matthew Weiner, AMC, 2007 – 2015), ambientada en la década de los años sesenta en Estados Unidos, cualquiera que sepa aprovechar una oportunidad puede disfrutar del estilo de vida americano. No importa quién fueras en tu hogar natal porque en la tierra de las oportunidades de esa época se triunfaba con mentiras elegantes vestidas de verdad. Bajo esta premisa pivota Don Draper que anteriormente fue Dick Whitman.

Richard ‘Dick’ Whitman nace de un adulterio, crece en una casa de prostitutas y un día es enviado a la Guerra de Corea como soldado de los Estados Unidos de América. En lugar de combatir en el frente, le asignan la tarea de ayudar al teniente Donald Francis Draper a construir un hospital de campaña. Una explosión fortuita acaba con el superior de Whitman quien ve una oportunidad de empezar de nuevo siendo otra persona, tomando la chapa de identificación del difunto. En ese momento nace el segundo Donald Francis Draper. Al regresar a su hogar, Don entierra todo lo relacionado con Dick, encuentra trabajo y se topa con el primer obstáculo de su identidad prestada, la viuda del verdadero Draper. Esta, tras escuchar la historia de Dick que le promete ayudarla de por vida, se convierte en la única amiga real del personaje. Solo con ella volverá a ser Dick cuando la vorágine de falsedad disfrazada de éxito abrume a Don. El rechazo hacia su vida anterior desemboca en el suicidio de su hermanastro que entristece al comprobar que su hermano mayor, al que lleva años buscando, niega que antaño fuera Dick.

La ausencia de cualquier rastro de lo que vivió antes de convertirse en Don Draper supone una liberación para un personaje que sabe aprovechar las oportunidades laborales que encuentra por el camino. Tras lograr que Roger Sterling lo contrate para la agencia de publicidad de su padre, se va construyendo en Dick/Don la imagen de un hombre de clase media que vive el llamado sueño americano. Se casa con una mujer bella, forman una familia aparentemente perfecta, se establecen en una zona residencial y todo son sonrisas, apretones de manos y felicitaciones ante el gran publicista Don Draper. Entre las bambalinas de esta vida modélica Don se evade de ella mediante el alcohol y el adulterio. La máscara de hombre ejemplar le pesa como una losa aunque se desahogue con estos vicios, a pesar de provocar dos divorcios y de conseguir que su imagen en el trabajo se desmorone.

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The Leftovers: creer para darle sentido a la vida

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The Leftovers (Tom Perrotta y Damon Lindelof, HBO, 2014 – 2017), adaptación de la novela de título homónimo de Tom Perrotta, presenta las reacciones de la gente ante la repentina desaparición de 140 millones de personas el 14 de octubre de 2011 en todo el mundo. Las creencias religiosas, viejas y nuevas, se convierten en cobijo ante la inexplicable de esta tragedia global. Durante los veintiocho episodios que componen esta serie todos los personajes buscan creer en algo para darle sentido a la vida que sigue después de la llamada Ascensión de los seres queridos que se marcharon hacia alguna parte. Cada individuo que se va conociendo a lo largo de la trama toma un camino espiritual que le ayude a digerir lo sucedido. Por su parte, Kevin Garvey, que ejerce de jefe de policía, se centra en el trabajo sin decantarse por las innumerables agrupaciones religiosas que le rodean. Él atestigua distintas respuestas religiosas surgidas después de aquel incomprensible día. Ninguna de ellas le seduce. Tras un largo viaje, comprende qué creencia le da sentido a su existencia.

En la población ficticia de Mapleton, donde los Garvey residen en la primera temporada de esta ficción televisiva, se observan las trifulcas entre la secta Remanente Culpable y el cristianismo. Debido a su labor para con la sociedad, Kevin lidia con los problemas que causa este grupo de individuos que afrontan la nueva realidad fumando, vistiendo de blanco, en silencio y realizando perfomances que alternan al resto de la comunidad. Kevin, ante las trifulcas causadas por la secta, intenta calmar las aguas sin éxito. Las creencias de esta gente no las comparte incluso después de que el fantasma de Patricia Levin, líder de este culto en Mapleton, se le aparezca en visiones estando despierto para que el jefe de policía vea el mundo como ella. La relación entre ambos personajes solo provoca inestabilidad emocional en Garvey que teme enloquecer como su padre. Para los miembros de la agrupación blanca, seguir la fe de esta secta basada en deshacerse de todo lo relativo a su vida anterior, fumar, vestir de blanco y no hablar les apacigua la incertidumbre que nace tras la Ascensión. En cambio, Kevin es agnóstico ante este lavado de cerebros.

En el camino que le conduce hacia el descubrimiento de una creencia vital pasa por el municipio de Jarden. Este lugar es el único en el que nadie se desvaneció el 14 de octubre de 2011. Ante este milagro sus habitantes y los viajeros que se aproximan a la localidad texana poseen una fe ciega en que este punto del planeta sea un locus amoenus que les proteja del mal abrazando la religión sin ninguna duda en sus corazones. Un amigo de Kevin, Matt Jamison, encaja a la perfección con el ambiente espiritual de este pueblo, ya que él está convencido de que el cristianismo que profesa, como sacerdote y creyente, salvará a su esposa paralitica, lo cual acaba ocurriendo. Tanto en Mapleton como en Jarden, la devoción de este personaje extraña a Kevin sin que le incomode hasta que al final de la segunda temporada él muere y resucita sin entenderlo. Esta singularidad provoca que Matt vea en su amigo un nuevo Jesucristo, lo cual no comparte con Kevin quien ve en su resurrección un hecho inexplicable que no lo acerca a ningún credo. En apariencia, él acepta los hechos de la misma forma que la Ascensión. Sin abrazar ninguna fe y continuando su labor de policía como siempre ha hecho. En cambio, en sus momentos de soledad intenta suicidarse porque se niega a creer que por algún motivo místico no pueda morir como cualquier persona. La resurrección no puede definir su existencia. Esta idea le obsesiona llevándolo a Australia con su padre que cree que en el séptimo aniversario de la Ascensión se repetirá la tragedia si su hijo no lo evita muriendo y regresando con los vivos.

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Los dos finales de Once Upon a Time

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Once Upon a Time (Adam Horowitz y Edward Kitsis, 2011 – 2018) finalizó por segunda vez este mes de mayo dando por concluida la séptima temporada de esta serie televisiva a la que sus creadores han bautizado como requel (recuela). Este término surge de la unión de las palabras inglesas reboot y sequel, ya que la temporada final de esta ficción televisiva funciona a caballo entre ambos conceptos pero sin decantarse por ninguno de ellos. Debido a esta mixtura, nos hallamos ante una última entrega que retoma la magia de los inicios llevando el relato a otra parte con un personaje céntrico distinto a las seis temporadas anteriores. Estas seis entregas configuran el viaje épico de una heroína hacia la batalla final que la definirá como personaje. Las desventuras y alegrías que conforman la historia de Emma Swan sostienen el gran grueso de este relato serial que culmina con el episodio doble «The final battle» terminando así la sexta temporada y la despedida de gran parte del elenco de personajes protagonistas. El siguiente capítulo de Once Upon a Time se enfoca en Henry Mills, el hijo de la heroína, Rumpelstiltskin, Regina y el capitán Hook de Wish Realm. La continuación de sus historias acaba junto con la serie en «Leaving Storybrooke» en el que supone el segundo final de esta narración televisiva. La lucha entre el bien y el mal, la esperanza, el amor y las ganas de creer son los pilares que se mantienen durante el periplo heroico que se dirige hacia los dos desenlaces de esta historia.

Érase una vez un bebé que fue abandonado por sus padres en un mundo distinto al que nació. Este, desconocedor de sus orígenes, creció hasta convertirse en una mujer independiente a la que la vida le golpeó en varias ocasiones, haciendo que diera en adopción a su primogénito Henry Mills. Este se reencuentra con su madre biológica once años después, invitándola a Storybrooke, un pueblo habitado por personajes de cuentos de hadas que han olvidado quienes son debido a una maldición. Así empezó el primer contacto de Emma Swan con la magia, con su pasado y con un mundo que no conoció. Creer en lo imposible despertó a los personajes malditos del pueblo donde Swan se instaló a petición de su hijo. Tras esta primera victoria, la autodenominada The Savior se enfrenta a las amenazas que engloban a villanos como The Evil Queen, Peter Pan, The Wicked Witch, The Snow Queen, The Queens of Darkness, La oscuridad, Hades, The Dark Fairy y, por último, la batalla final. Todas las manifestaciones de maldad contra las que ella y su familia han ido luchando a lo largo de seis temporadas desembocan en un duelo final de espadas entre ella y Gideon, haciéndose realidad las premociones que Emma había tenido a lo largo de esa temporada. Al dejarse vencer, ella gana, rompiendo la maldición oscura que se había lanzado. Después de esta última pelea, Emma lo celebra rodeada de familiares y amigos que le han acompañado en su viaje heroico durante seis temporadas.

Dentro del primer final de Once Upon a Time se insertan escenas de un tiempo futuro protagonizadas por Henry Mills y su hija que están lidiando contra una nueva amenaza. Esta, a lo largo de la séptima temporada, se desvelará como una nueva maldición. Romperla y vencer a los villanos de turno supondrá el desarrollo del segundo final de la serie que se enfoca en desarrollar las tramas de Rumpelstiltskin, Henry Mills, Regina y el capitán Hook de Wish Realm. En los veintidós episodios que comprenden esta última entrega reaparecen valores propios de esta ficción televisiva como la familia, el poder de creer en lo imposible, el amor y la esperanza. Se introducen nuevos personajes que apoyarán a los héroes y heroínas a crecer a la vez que otorgan una nueva mirada a relatos fantásticos ya vistos anteriormente como Alice in Wonderland o Cinderella. «Leaving Storybrooke» da punto y final al enfrentamiento entre los héroes contra la versión de Rumpelstiltskin de Wish Realm donde su doppelgänger bueno sacrifica la vida para salvar la del capitán Hook de Wish Realm a la vez que derrota al villano. Regina, por su parte, convence a una versión de su hijo adoptivo de perdonarla, con lo cual contribuye a frenar los planes de The Dark One de Wish Realm. Esta mujer, cuyo crecimiento a lo largo de la serie ha ido del mal al bien, decide unir todos los reinos en uno solo alrededor de Storybrooke. De esta forma, nadie volverá a estar separado de sus seres queridos nunca más. Lee el resto de esta entrada

Estoy vivo: las dos familias de los Vargas

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Estoy vivo (Globomedia, 2017) es una serie de televisión emitida en la cadena televisiva La 1 que narra la segunda vida de Andrés Varga quien regresa de la muerte después de ser asesinado por El carnicero de medianoche. En su segunda oportunidad en el mundo de los mortales ocupa el cuerpo de Manuel Márquez, quedando así oculta su verdadera identidad. Durante la primera temporada de esta ficción televisiva el agente Márquez/Vargas perseguirá a su asesino que, al igual que él, ha vuelto de la muerte para continuar dejando un regadero de cadáveres a su paso. Esta narración policiaca con tintes de ciencia ficción pivota sobre una base sólida que se respira en cada uno de los trece episodios de los que consta la primera entrega de Estoy vivo: la familia. La sanguínea, por un lado, y la laboral, por otro. Los vínculos entre ambas son la base sobre la que se construye este relato televisivo.

El patriarca de la familia Vargas, Arturo, fue policía. Su hijo Andrés y su nieta Susana siguieron los pasos de sus padres, continuando en el negocio familiar. Es por ello que las amistades de estos personajes son otros agentes de la ley que se presentan en la comisaría de Vallecas en la que aterriza Manuel Márquez, la nueva incorporación a una comunidad de trabajadores donde todo el mundo se conoce. El recién llegado conocerá los cuatro espacios por los que se moverá con su nueva familia: la comisaría, el bar de Sebastián y el hogar de los Vargas. A este último irrumpe como resultado de que la viuda de Andrés Vargas continúa con una tradición que une su familia biológica con la laboral. Debido a que Susana es la compañera de Márquez, su madre y su abuelo dan la bienvenida al desconocido como ritual de incorporación a las dos familias de las que formará parte, ya que trabajar con un Vargas supone un grado de compañerismo semejante al del parentesco.

Si bien el hogar de la policía con la que patrulla las calles es un refugio de la tensión que supone un empleo como este, Sebastián, tras la muerte de su amigo Andrés, deja el cuerpo policial para abrir un bar que acoja a sus antiguos camaradas y a sus familiares. En él también se le da una cálida bienvenida a Márquez. El establecimiento, a su vez, funciona como punto de unión entre el hogar y el trabajo, entre el estrés laboral y las conversaciones relajadas entre compañeros y compañeras de forma similar a cuando una familia sale a comer fuera de casa para alejarse de su rutina diaria y disfrutar de buenos momentos. Este es el papel del bar como puente entre las dos familias de los Vargas.

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Recepción de series que regresan

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Los regresos de series décadas después de su finalización no son siempre bien recibidos. En ocasiones, la ficción televisiva que vuelve con nuevos episodios repite la misma fórmula que antaño les llevó al éxito manteniendo un nicho de público fiel y satisfecho con las nuevas tramas de personajes que habitan en sus corazones a la vez que se aviva la nostalgia del espectador, esa fuerza motriz que tan en boga está en las parrillas televisivas como guiño para seducir al público con viejos amores seriales. Otras veces, la continuación de una historia que en su época ya se iba alargando más de la cuenta supone un insulto a la inteligencia del seguidor habitual de esa narración televisiva. Este contraste de reacciones generalizadas desemboca en el sabor agridulce que se genera cada vez que se anuncia que una serie, cuya trama concluyó hace años, regresa. The X-Files, Fuller House o Twin Peaks han resucitado del punto final para continuar cada una por su propio camino provocando en la emisión de nuevas entregas una lluvia de emociones difícil de calibrar.

10 de septiembre de 1993. En Estados Unidos se emitía el episodio piloto de The X-Files. Ese día empezó un viaje que revolucionaría la forma de presentar historias en formato televisivo con arcos argumentales que abarcaban más de un capítulo, tensión sexual no resuelta entre la pareja protagonista, la exploración de fenómenos paranormales e inexplicables desde el sótano de las oficinas del FBI y los debates eternos entre ciencia y fe de Fox Mulder y Dana Scully. Nada de lo que no hayan corrido ríos de tinta o protagonizado debates entre amigos desde entonces. Sin embargo, el reverso tenebroso del éxito de esta serie empezó a sobresalir con la octava temporada en la que se prescindía del personaje de Mulder para sustituirlo John Doggett. Rondaba el año 1998.

Casi veinte años después se decidió retomar este relato serial para darle, según parece, una conclusión satisfactoria. El final aún no ha llegado como demuestra la desastrosa onceava temporada. El fracaso de la que antaño fue la flor y nata de seriéfilos en prácticamente todos los rincones del mundo probablemente se deba a no saber adaptarse a las nuevas formas de contar historias que las incontables ficciones televisivas proponen con más o menos acierto. Los ingredientes que funcionaron en los noventa y que, tanto en las películas como en las últimas entregas se han seguido usando, ya no seduce al espectador. Se han desgastado de tanto usarse. Ni siquiera al fiel seguidor. Lee el resto de esta entrada